El turismo residencial de la Costa, confiado en resistir ´el efecto Brexit´

Fuente: La Opinión de Málaga | Lucas Martín

Azuza el debate en la prensa británica. Con análisis que van en múltiples direcciones, incluida la del turismo; una actividad tradicionalmente sensible a los cambios, pero que esta vez, según reseñan los especialistas, logrará resistir con fuerza, independientemente de la solución política que finalmente se aviste. La Costa del Sol, con históricos lazos comerciales y sentimentales con Gran Bretaña, está capacitada para soportar el llamado Brexit, que actualmente, y sin que se diluyan las diferencias, amenaza con provocar una fractura monumental en el corazón del proyecto europeo.

Aunque las islas decidan romper con la UE, Málaga mantendrá su privilegiada relación con el que desde comienzos de los sesenta ha sido su mejor cliente y una de sus vías más regulares de entrada de divisas. Incluso, en el sector del turismo residencial, que es el que más directamente depende de la seguridad de los británicos y el encaje legal de su traslado a la provincia. Según Ricardo Bocanegra, responsable de la Federación de Asociaciones de Extranjeros de la Costa del Sol, la aventura no le saldrá gratis al país. Al menos, desde un punto de vista administrativo. La independencia respecto a Europa comportaría un cambio automático de estatus y del régimen de ciudadanía; los turistas del Reino Unido pasarían de ser residentes de pleno derecho a adquirir la condición de extracomunitarios, con el inevitable incremento de papeleo y de incomodidades burocráticas. Que todo esto sea suficiente como para frenar sus inversiones es algo que analizan los expertos: «En principio no es nada positivo, pero todo dependerá de los acuerdos bilaterales que se adopten y el concierto de reemplazo que se elija. Hay países que sin estar en la UE tienen acuerdos especiales que hacen que la diferencia, en este sentido, sea mínima», puntualiza.

El presidente de la Federación Andaluza de Urbanizadores y Turismo Residencial, Ricardo Arranz, confía en la solidez de los vínculos y en el potencial de los británicos para sortear de antemano las consecuencias negativas que pudieran derivarse de un procedimiento que, aunque farragoso, no deja de ser, en caso de confirmarse, el espejo de una voluntad libre de imposiciones y colectivamente asistida. Y más, después del paso atrás en el negocio de algunos de los países de mayor presencia anglosajona. «Allí son lo suficientemente inteligentes como para inventar la forma que les permita no renunciar, ni siquiera mínimamente, al sitio que más disfrutan y que mejor les responde en términos de seguridad y de clima», argumenta.

Ricardo Arranz de Miguel

Tampoco Gonzalo Fuentes, de CCOO, barrunta una gran diáspora de capital. «Los rusos no forman parte de la Unión Europea y no les tiembla el pulso a la hora de comprar casas masivamente en la Costa del Sol», indica. El sindicalista descarta, además, que una eventual separación tuviese efectos perniciosos para el llamado turismo reglado, que es el que apuesta por pernoctar en hoteles y apartamentos. De nuevo, también en este punto, los turistas del Reino Unido parten con ventaja. Y, sobre todo, con una moneda fuerte que, a excepción de los primeros años de incidencia de la crisis, apenas se ha resentido de su convivencia en el continente con el euro.

Donde sí se atisban cambios radicales es en la evolución del turismo sanitario, que podría sufrir un gran retroceso. Especialmente, en sus acepciones más relacionadas con la pillería. Los ciudadanos de las islas que quieran mudarse a España para acceder a su sistema sanitario lo tendrán más difícil con la pérdida de ciudadanía, si bien todavía quedan muchos interrogantes. Entre ellos, saber qué pasará con aquellos residentes que no hayan cumplido con los cinco años preceptivos que la ley establece para obtener el permiso de permanencia. Treinta y cuatro años después de Maastricht, aunque sin dramatismos, Europa se enfrenta a la extrañeza: «Es raro pensar en un Reino Unido, por más que esté fuera de la UE, que no sea Europa», precisa Gonzalo Fuentes.

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