Ricardo Arranz: “España es ahora un objeto de deseo, pero si no damos facilidades la inversión se va”

ABC | Fernando del Valle / Málaga

El dueño del hotel de Marbella donde se hospedó la familia Obama pide a la Administración «acabar con los complejos» y saber adecuarse al mercado

—¿Percibe la recuperación del mercado inmobiliario que ya apuntan muchos informes?

—De ser un país denostado, de un año a esta parte nos hemos convertido en objeto de deseo. En especial Madrid y en segundo lugar de toda España, Marbella, que puede empezar a andar sus 10 años más gloriosos. Todos los días mantengo reuniones con cinco o seis fondos de inversión. Pero cuidado: como no les demos facilidades, y rapidito, se van.

—¿Qué buscan estos inversores?

—Proyectos nuevos. No es el stock que aún les queda a los bancos. Alguien con posibles no se compra un coche de hace diez años con la tapicería cuarteada. Pero hay que preguntarse si estamos verdaderamente preparados para cumplir sus expectativas. El fondo que no invierta aquí ahora lo hará en otro sitio y perderemos riqueza y puestos de trabajo.

—¿Qué hay que hacer para que no se vayan?

—Darles agilidad urbanística y seguridad jurídica. Y facilidades fiscales. Sería tan fácil como copiar lo que se está haciendo en nuestro entorno. En Inglaterra, pero también aquí al lado, en Portugal. No podemos continuar con esta maraña absurda de leyes urbanísticas. No podemos maltratar al inversor.

—Se cree la apuesta por la construcción entonada por la presidenta? Usted participa en la Mesa de la Construcción Sostenible.

—Susana Díaz ha sido la primera presidenta de Andalucía que sin complejos ha dicho que la construcción y el turismo residencial son la maquinaria más importante que tiene esta tierra para crear empleo.

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—La primera fase del plan se ha ido en cambiar ventanas…

—Sí, pero es sólo una fórmula para regenerar el parque de viviendas andaluz. En la Costa ya estamos haciendo vivienda nueva; no así en el interior. Así que está bien que con fondos europeos demos oxígeno y ocupemos al parado con menor posibilidades de inserción.

—¿Cuál debería ser el siguiente paso?

—La Mesa debería ser un instrumento para limar toda esa maraña legal y absurda, que es la que ha permitido la corrupción. Que se hiciera eco de los problemas urbanísticos que tiene Andalucía, múltiples y desordenados. Hacer un plan general tiene a los ayuntamientos 20 años parados. No es de recibo tanta rigidez en las normas. La falta de valentía de funcionarios y políticos. ¿Por qué no podemos soñar con piscinas de agua caliente en la playa, para el invierno? Competiríamos con Canarias. ¿O con más pantalanes, para fomentar la industria náutica? ¿Por qué en Sierra Nevada, con sentido común, no pueden hacerse nuevas pistas de nieve artificial, como en los Dolomitas?

—¿Sigue demonizado el ladrillo?

—En la comisión en la que participo en la Mesa se habla de «eliminar la especulación de la construcción». ¿De qué estamos hablando? Si yo espero dos meses para comprarme un coche porque va a salir un nuevo plan PIVE, ¿estoy especulando? «Especulación» es como «imputado», una condena previa. Gestionar expectativas en el mercado, en cualquier sector, no es malo, es una obligación para cualquiera.

—¿No caben, como sostiene Turismo, más campos de golf en Andalucía?

—Todo lo contrario. Aquí apenas estamos empezando. Tenemos un centenar de campos, cuando California, en donde se supone que deberíamos mirarnos, supera los 3.000. El golf es generación de riqueza y empleo. Los Obama vinieron por el golf. Y permite a muchos hoteles no cerrar en invierno, tanto que hablan de estacionalidad. Acabemos con los complejos.

—Tampoco tienen suerte con el Gobierno. La reforma fiscal no ha eliminado las trabas que proponía el «informe Lagares» para atraer inversión foránea.

—Es lo único que había pedido Andalucía y con un ministro de Jaén queda en agua de borrajas. No somos capaces de proteger al inversor. Comprar en España cuesta ahora mismo un 30% más que en Portugal. Y no olvidemos lo caro que es morirse en Andalucía.