Marbella vuelve a ser un imán para los Árabes.

La celebración en la ciudad de la boda de la nieta del príncipe Salman atrae a más de 400 invitados de alto poder adquisitivo de todo el mundo · Hoy tendrá lugar la celebración más importante

Bárbara Rodríguez / Marbella | Actualizado 02.07.2011 – 01:00

  

 

 

 

 

La entrada a la mezquita del rey Abdul Aziz Al-Saud, en Marbella, estaba ayer mucho más concurrida de lo habitual para el rezo del viernes. La ocasión lo merecía: el príncipe Salman Bin Abdulaziz Al-Saud, hermano del difunto rey Fadh, participaba en la oración dirigida por el imán Allal Bachar. Salman está durante estos días en la ciudad celebrando la boda de su nieta, la princesa Sara Fadh Bin Salman con el príncipe Talal bin Abdulazis bin Bandar. He aquí la muestra de la importancia que tiene Marbella para la familia real de Arabia Saudí. Tal y como explica el propio imán, “es normal como en cualquier familia de cualquier otra confesión que crea su capilla o su lugar de rezo en palacio, el príncipe construyó esta mezquita para poder rezar en ella cuando viniera a su casa”. En la ciudad, cada vez que llegan los familiares de Salman se vive una pequeña revolución: significa trabajo para algunos de sus habitantes, y sobre todo, creación de riqueza.

Hoy se celebrará la fiesta más importante en esta celebración: la boda en sí. Los alrededores de Al Riyadh eran a lo largo del día de ayer un hervidero no sólo de vehículos que entraban y salían, sino de policías nacionales, tanto de paisano como uniformados, que extremaban las medidas de seguridad. Según explicó uno de los empleados de la mezquita, “es algo habitual, sobre todo cuando viene el príncipe. Las fuerzas de seguridad tanto estatales como de Arabia Saudí se coordinan en el dispositivo de seguridad”.

Dentro de palacio, o mejor dicho, de los palacios (Al Riyadh se divide en varias casas, a cada cual más majestuosa, en la que sobresale El Rocío, la réplica que el rey Fadh construyó de la Casa Blanca en la Milla de Oro), la actividad no ha cesado en los últimos días: 50.000 euros invertidos en adornos florales, gastronomía marroquí y árabe de primer orden (gracias a los cocineros expresamente traídos para ello)… Y las habitaciones más especiales de los hoteles más emblemáticos, llenas.

En este punto, hoteles como el Marbella Club, Puente Romano o el Villa Padierna se encuentran funcionando a pleno rendimiento. Ricardo Arranz, propietario de este último, explica que “sobre todo han ocupado la parte de las villas y las suites más caras”. Arranz añade que en su hotel los invitados proceden no sólo de Arabia Saudí, “también de Catar, Abu Dhabi, y de los países del Golfo Arábigo”.

Miguel Gómez, de Gómez y Molina Joyeros, explica que en esta ocasión “vienen una serie de personas que a lo mejor no hubieran venido”, a la vez que expresa su deseo de que acontecimientos como éste “ojalá se celebraran más a menudo”. Uno de los joyeros por excelencia de la ciudad explica que las princesas árabes, “sobre todo las más jóvenes”, prefieren cosas “más discretas, elegantes y modernas”. Gómez recuerda que las generaciones más jóvenes de las familias reales “están formadas en las mejores universidades europeas y estadounidenses”.

Por el contrario, las señoras “de más edad” prefieren “piezas más importantes, pero teniendo en cuenta el rango social, y la ocasión”. Así, pueden adquirir joyas “desde 300 euros hasta 40.000”, explica. Por ejemplo, “a veces he vendido collares para niñas que rondaban los 15.000 euros”. Estos días, Marbella de nuevo se ha convertido, gracias a esta boda, en centro de la realeza y el mundo de los negocios. Jeques (y sus familias), empresarios como el ruso Román Abramóvich (propietario del Chelsea F.C.), princesas de los Emiratos… Y como telón de fondo, la ciudad, que refuerza su posición dentro del “circuito de ciudades del Mediterráneo donde hay que estar”, en palabras de Miguel Gómez.

Félix Romero, portavoz del gobierno local, explica que “es un espaldarazo importante a la imagen de Marbella, y una promoción importante para la ciudad”. Juan José González, presidente del Centro de Iniciativas Turísticas (CIT) de la localidad, va más allá: “Es un privilegio”. Y es que, “no se trata sólo de las cantidades económicas que mueva una visita de estas características”, sino de “la imagen que da Marbella a la hora de acoger a estos huéspedes”, añade. Arranz subraya la importancia de este evento: “Es muy importante que vuelvan estos países, que hoy por hoy tienen la renta per cápita más alta del mundo. Significan ocupación, y posibilidades de inversiones”. Y no sólo eso: “Significa la vuelta del turismo de Oriente Medio a la ciudad”.